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El licenciado López Contreras es el canciller de los militares. Aunque la Constitución establece que la política exterior es facultad del Presidente de la República , auxiliado por la Cartera de Relaciones Exteriores, la política exterior en nuestro país es definida, casi totalmente, por los militares. Según se supo en los corrillos, fueron los militares quienes escogieron el nombre del Licenciado López Contreras para que ocupara la Cancillería , de tal suerte que, es desde los armados de donde proviene el ungimiento y por lo tanto es a ellos a quienes debe obediencia y fidelidad. Y en efecto así ha ocurrido. A él, incluso, le gusta usar la indumentaria militar.
En los años que van de la administración del presidente Azcona, las incongruencias entre lo que plantea el Presidente y lo que plantea al Canciller en materia de política internacional son completamente visibles. En muchos casos, el mismo Canciller se ha encargado de corregir públicamente los planteamientos del Presidente, por no ser estos coincidentes con lo planteado por los militares.
Mas, si la política de los militares fuera congruente con la realidad nacional, yo estaría satisfecho porque, al menos, ese segmento del gobierno caminaría por alguna senda de patriotismo. Pero ocurre lo contrario. La política internacional de los militares es dictada en Los Estados Unidos por el Departamento de Estado y el Pentágono. Así las cosas, los militares, a través de su canciller, se han esmerado en resolver los problemas internos de Nicaragua y por ser los intérpretes, en este terruño vecino a Nicaragua, de los deseos del gran coloso del Norte para poner, de patitas en el extranjero, a los líderes sandinistas que ahora dirigen los destinos de aquella nación. Fieles a esta interpretación de cómo conducir las relaciones con los demás países, sobre todo con los vecinos, hemos venido llevando una política de enfrentamiento, de entrometimiento en los asuntos internos de Nicaragua; de violación de los derechos humanos de los hondureños y muchos extranjeros que viven o pernoctan en nuestro suelo e ignorando los grandes problemas que aquejan a los hondureños. Consecuentes con la política internacional norteamericana impuesta a Honduras, los militares permiten la presencia de la contra armada, en posesión de territorio hondureño y hasta con prisioneros traídos mediante secuestro desde el vecino país.
Consecuentes con esa política, los militares, a pesar de que la Constitución dice que son obedientes y no deliberantes, opinan que el Partido Innovación y Unidad (PINU) es un partido peligroso para la salud democrática de la nación, señalando como grave delito para esa agrupación política su aceptación de los sandinistas como gobernantes de Nicaragua. Los fragmentos de un documento de los militares publicado en un editorial de TIEMPO son realmente preocupantes.
En aplicación de esa doctrina, el canciller acusa al Dr. Ramón Custodio López de estar implicado en los asesinatos de Miguel Ángel Pavón y de Moisés Landaverde, amparándose en una patraña montada por la policía. Fiel también a esa política es que expone al gobierno de Honduras a una condena de la Corte Internacional de Justicia en relación con el reclamo de Nicaragua y ha hecho víctima, al mismo gobierno, de una condena por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de otras condenas pendientes en la misma CIDH.
La vida política nacional ha estado, en los últimos años, dominada por los verde olivo. Aunque hay un figurón en la casa presidencial, han sido realmente los militares quienes han tomado las grandes decisiones en Honduras, y siguen siendo ellos quienes tienen la sartén por el mango. Por eso también tienen su propio Canciller en el Gobierno y reclutan algunos funcionarios. Por eso también, más temprano que tarde, el pueblo les hará responsables de la desastrosa conducción de la nación.
Diario Tiempo, 20 de marzo de 1989.
En los años que van de la administración del presidente Azcona, las incongruencias entre lo que plantea el Presidente y lo que plantea al Canciller en materia de política internacional son completamente visibles. En muchos casos, el mismo Canciller se ha encargado de corregir públicamente los planteamientos del Presidente, por no ser estos coincidentes con lo planteado por los militares.
Mas, si la política de los militares fuera congruente con la realidad nacional, yo estaría satisfecho porque, al menos, ese segmento del gobierno caminaría por alguna senda de patriotismo. Pero ocurre lo contrario. La política internacional de los militares es dictada en Los Estados Unidos por el Departamento de Estado y el Pentágono. Así las cosas, los militares, a través de su canciller, se han esmerado en resolver los problemas internos de Nicaragua y por ser los intérpretes, en este terruño vecino a Nicaragua, de los deseos del gran coloso del Norte para poner, de patitas en el extranjero, a los líderes sandinistas que ahora dirigen los destinos de aquella nación. Fieles a esta interpretación de cómo conducir las relaciones con los demás países, sobre todo con los vecinos, hemos venido llevando una política de enfrentamiento, de entrometimiento en los asuntos internos de Nicaragua; de violación de los derechos humanos de los hondureños y muchos extranjeros que viven o pernoctan en nuestro suelo e ignorando los grandes problemas que aquejan a los hondureños. Consecuentes con la política internacional norteamericana impuesta a Honduras, los militares permiten la presencia de la contra armada, en posesión de territorio hondureño y hasta con prisioneros traídos mediante secuestro desde el vecino país.
Consecuentes con esa política, los militares, a pesar de que la Constitución dice que son obedientes y no deliberantes, opinan que el Partido Innovación y Unidad (PINU) es un partido peligroso para la salud democrática de la nación, señalando como grave delito para esa agrupación política su aceptación de los sandinistas como gobernantes de Nicaragua. Los fragmentos de un documento de los militares publicado en un editorial de TIEMPO son realmente preocupantes.
En aplicación de esa doctrina, el canciller acusa al Dr. Ramón Custodio López de estar implicado en los asesinatos de Miguel Ángel Pavón y de Moisés Landaverde, amparándose en una patraña montada por la policía. Fiel también a esa política es que expone al gobierno de Honduras a una condena de la Corte Internacional de Justicia en relación con el reclamo de Nicaragua y ha hecho víctima, al mismo gobierno, de una condena por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de otras condenas pendientes en la misma CIDH.
La vida política nacional ha estado, en los últimos años, dominada por los verde olivo. Aunque hay un figurón en la casa presidencial, han sido realmente los militares quienes han tomado las grandes decisiones en Honduras, y siguen siendo ellos quienes tienen la sartén por el mango. Por eso también tienen su propio Canciller en el Gobierno y reclutan algunos funcionarios. Por eso también, más temprano que tarde, el pueblo les hará responsables de la desastrosa conducción de la nación.
Diario Tiempo, 20 de marzo de 1989.
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